Mark había probado todo lo que tenía a su alcance: almohadillas térmicas que solo calentaban la superficie mientras sus músculos seguían tensos, botellas de analgésicos amontonándose en su mesita de noche, un rodillo de espuma acumulando polvo en la esquina, masajeadores zumbadores baratos que se sentían más como juguetes que como terapia, e incluso sesiones de masaje de 100 $ que le proporcionaban alivio solo por un par de días. No importaba lo que probara, el dolor siempre regresaba, dejándolo frustrado, exhausto y buscando algo que realmente funcionara.
Pero entonces llegó el gran avance.
Con el TrueTouch™ Massage Master, la historia de Mark tomó un giro diferente: